Estados Unidos impone medidas de presión sobre Irán mientras Trump se plantea acciones militares

Tras su intervención en Venezuela, Estados Unidos ha empezado a tomar medidas de presión contra Irán, mientras Donald Trump sopesa una posible acción militar contra la República Islámica para respaldar las manifestaciones contra el régimen en todo el país, las mayores en años. El presidente estadunidense ha anunciado este lunes aranceles del 25% contra los países que hagan negocios con Irán, mientras Washington alerta a sus ciudadanos en esa nación para que la evacúen.

El inquilino de la Casa Blanca tiene prevista una reunión este martes con su equipo de seguridad nacional, que le presentará distintas opciones contra Teherán. El régimen sostiene que la situación se encuentra bajo control.

En un mensaje en su red social, Truth, Trump anunció los nuevos gravámenes, que entrarán en vigor de manera inmediata. “Cualquier país que haga negocios con la República Islámica de Irán pagará un arancel del 25% en cualquier negocio que haga con Estados Unidos. Esta orden es definitiva y concluyente”, ha escrito el presidente estadounidense, sin aportar más detalles.

La medida parece, de momento, más simbólica que real, dado que Irán, uno de los grandes productores de petróleo internacionales, ya es uno de los países más sancionados del mundo. Sus principales clientes son China, India y aliados clave de Estados Unidos en el golfo Pérsico como los Emiratos Árabes Unidos. No está claro si Washington impondrá sus gravámenes a todos los clientes de Teherán.

Pero la nueva orden representa un paso más en la escalada de advertencias que lanza Washington desde el comienzo de este año contra la represión de unas protestas que comenzaron a finales de diciembre de manera aislada y casi en sordina para protestar por la cotización de la divisa nacional, el rial. Desde entonces se han ido extendiendo por todo el país para convertirse en una de las mayores amenazas contra el régimen desde su establecimiento tras la revolución islámica de 1979. La organización de derechos humanos iraní con sede en Estados Unidos HRANA asegura haber verificado las muertes de 510 manifestantes y 89 miembros de las fuerzas de seguridad desde el inicio de las movilizaciones. Establecer cuál es la situación exacta es una misión casi imposible dado el cerrojazo a internet y las comunicaciones que ha impuesto el régimen en el interior del país a raíz de las protestas.

Trump ha amenazado con “ayudar” a la “libertad” en Irán y este domingo, una semana después de haber autorizado la operación de las fuerzas estadounidenses que capturó en Caracas al presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, ya confirmaba que se plantea todo tipo de medidas, incluidas las militares. “Lo estamos analizando muy seriamente, los militares lo están analizando y estamos viendo opciones muy fuertes”, aseguraba en declaraciones a la prensa a bordo del avión presidencial Air Force One. También reconocía estar en contacto con la oposición iraní en el exterior.

El presidente “no tiene miedo de usar la fuerza militar en Irán”, ha declarado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Aunque la diplomacia continúa siendo la opción preferida, “no le temblará la mano para usar la fuerza letal y el poderío militar de Estados Unidos si lo considera necesario y cuando lo considere oportuno”, declaraba Leavitt en una entrevista concedida a la cadena de televisión Fox News. “A nadie le consta tanto como Irán”, que ya fue objeto de una operación militar estadounidense en junio pasado que atacó objetivos de su programa nuclear.

Irán ha confirmado que mantiene abiertos canales diplomáticos con Estados Unidos. Uno de ellos es el mediador de la Casa Blanca en conflictos internacionales y amigo personal de Trump, Steve Witkoff, que ya actúa como intermediario con Rusia y en la guerra en Gaza. Irán propone, según Trump, mantener una reunión para tratar sobre su programa nuclear, cuyo fin exige el presidente estadounidense desde hace largo tiempo.

Hasta el momento, y aunque envalentonado por el resultado de la intervención en Venezuela, el presidente estadounidense no ha tomado una decisión definitiva sobre cómo actuar en Irán en esta ocasión, aunque se plantea muy en serio la posibilidad de ataques aéreos relámpago similares a los de junio. “Son una de las muchas opciones que tiene sobre la mesa”, ha apuntado la portavoz, que ha agregado también: “Ha dejado claro que no quiere ver gente morir en las calles de Teherán, y desafortunadamente, eso es lo que estamos presenciando”.

Según el periódico The Wall Street Journal, Trump se inclina por la vía militar, que podría incluir ciberataques, bombardeos sobre emplazamientos estratégicos en territorio iraní o simplemente operaciones psicológicas en redes sociales para apoyar los argumentos contra el régimen. Otros miembros de su equipo, incluido el vicepresidente J.D. Vance, le instan a agotar primero la vía diplomática.

La Casa Blanca debe mantener un delicado equilibrio a la hora de responder, advierten los expertos. Una intervención puede precipitar una mayor oleada de represión del régimen contra sus ciudadanos, y dar pábulo a los argumentos de las autoridades en Teherán que denuncian que las protestas están fomentadas desde el exterior, sobre todo por Estados Unidos. También se arriesga a desatar una ola nacionalista en la que los ciudadanos, sobre todo aquellos que aún no han decidido si apoyar a los manifestantes, opten por cerrar filas en torno a los ayatolás como reacción a la intervención extranjera.

O puede desencadenar una respuesta iraní que obligue a Estados Unidos a involucrarse más de lo que desea en un conflicto que se alargue, la gran pesadilla de Trump. Todas las intervenciones militares que ha aprobado a lo largo de su año en el poder —además de Irán y Venezuela, en Yemen, Somalia, Siria o Nigeria— han tenido en común su rapidez, operaciones relámpago concluidas en apenas horas y sin cobrarse vidas estadounidenses.

“Irán considera que lo que Estados Unidos quiere es un cambio de régimen, que no trató de forzar interviniendo en otras protestas porque Irán era entonces mucho más fuerte regionalmente, o tenía un programa nuclear sobre el que Estados Unidos quería negociar. Esta vez, opina que Irán está debilitado y contra la pared”, tras los bombardeos de junio y las derrotas de sus guerrillas aliadas en Oriente Medio, por lo que “el presidente Trump se siente cómodo amenazando con una intervención”, señala Vali Nasr, catedrático de la Universidad Johns Hopkins.

Irán ha advertido que, en caso de ataque estadounidense, responderá sin miramientos contra objetivos económicos o humanos en Estados Unidos. Así lo aseguraba este fin de semana el presidente del Parlamento, Baqer Qalibaf, que declaraba que en caso de bombardeos por parte del país enemigo, Teherán responderá directamente.

Teherán “ve a Trump mucho más decidido en sus intenciones, y quieren dejarle claro que se arriesga a meterse en algo que se puede prolongar y volverse muy complicado, que le puede arrastrar. Especialmente si ello fuera a tener un impacto en el precio de la gasolina, eso es un factor muy importante que él tendrá que tener en cuenta”, sostenía este lunes Mohamad Ali Shabani, director de Amwaj Media, especializado en información sobre Irán, en una mesa redonda organizada por el think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft.

Compartir
Editor
Editor