Las expectativas de una resolución diplomática inmediata para la guerra de 2026 se han desvanecido drásticamente tras registrarse un nuevo y severo intercambio de bombardeos directos entre las fuerzas armadas de los Estados Unidos e Irán. En medio del repunte de las hostilidades en el golfo Pérsico, el presidente estadounidense, Donald Trump,
desestimó formalmente las presiones políticas internacionales y de la oposición en el Congreso, asegurando que no tiene ninguna prisa por firmar un acuerdo de paz que no cumpla de forma estricta con las exigencias de seguridad de su país.
La reactivación del conflicto bélico impactó de forma inmediata en los mercados financieros globales, provocando que el precio del petróleo de referencia Brent aumentara un 2%, rozando los 94 dólares por barril ante el temor de un bloqueo prolongado en las rutas de suministro energético.
Fuego cruzado quiebra la tregua en el golfo
El recrudecimiento de las acciones armadas inició cuando el ejército estadounidense ejecutó ataques selectivos en el sur de Irán, destruyendo drones y un “sitio de control terrestre” en la estratégica ciudad portuaria de Bandar Abbas. El Pentágono justificó la incursión señalando que dichas instalaciones representaban una amenaza inminente para la navegación de los buques comerciales en la región.
Como contraofensiva, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán lanzó una ráfaga de misiles balísticos dirigida contra la base aérea estadounidense de donde despegaron las fuerzas atacantes. Las fuerzas iraníes advirtieron a través de sus canales oficiales que “cualquier nueva agresión recibirá una respuesta devastadora”, lo que evidencia la extrema fragilidad de las negociaciones de paz que coordina Pakistán en calidad de mediador.
La postura de la Casa Blanca: “O aceptan o terminamos el trabajo”
Durante una reunión de gabinete televisada desde la Casa Blanca, Donald Trump se mostró inflexible y rechazó que la cercanía de los comicios legislativos en su país vaya a condicionar su estrategia de máxima presión. “Dicen que quieren un trato desesperadamente, pero hasta ahora no han aceptado las condiciones. No estamos satisfechos”, afirmó el mandatario, antes de lanzar una advertencia directa al régimen de Teherán: “Si no cumplen, el hombre a mi izquierda va a terminar con ellos”, señalando a su secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Paralelamente, el Gobierno de EE. UU. expandió su ofensiva al plano económico anunciando sanciones severas contra la recién creada “Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico”, una entidad con la que Irán pretende regular la navegación internacional y cobrar peajes de hasta dos millones de euros por embarcación. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, calificó la medida iraní como un “acto de extorsión desesperado” ante la falta de liquidez que sufre el país islámico.
Advertencias a aliados y tensión interna en Irán
La firme postura de la administración Trump también alcanzó a otros actores de la región. Ante los informes de que el gobierno de Omán planeaba colaborar con Teherán para coordinar el tráfico marítimo en el estrecho, Trump lanzó una inusual advertencia al sultanato: “Omán se comportará como todos los demás, o tendremos que volarlos por los aires”.
Por su parte, el líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, instó a sus filas políticas a mantener la unidad legislativa frente al creciente descontento popular por el alza en los precios de los alimentos. Khamenei denunció que el borrador de paz de Washington busca “poner de rodillas al país”. Los puntos neurálgicos del pacto —el programa nuclear iraní, el libre tránsito de hidrocarburos y el desbloqueo de fondos congelados— siguen siendo, por ahora, un nudo diplomático imposible de desatar.





